dimecres, 2 de juliol de 2014

Un altre raid nocturn

Si us agrada fer la Nocturna d'Esparreguera, però potser ja coneixeu molt els camins que us sembla aquesta proposta:


diumenge, 4 de maig de 2014

LA CATIGAT 2014.


26    de Abril de 2014. Cuaderno de bitácora del Comandante Luisín:

Que si pinchamos, que si damos hachazos, tirones, que si me clavo. Más caña, te voy a fundir, que si se nos aparece el hombre del mazo… Si alguien nos escucha cuando hablamos, no sabe si estamos explicando una carrera o contando la batalla de las Termópilas…

A media noche –Venga va, que mañana hay que levantarse tempranín…-Y me quedo viendo la peli "La gran estafa americana" hasta la una de la madrugada.

5:40. Me levanto con las pulgas y me dirijo semi-sonámbulo al baño. Osti qué susto al encender la luz !!! Creí que tenía delante a uno de los zombis de The Walking Dead…

Menos mal que se nos ocurrió la maravillosa idea de dejar ayer las bicis en Can Basc y hoy es una cosa menos de la que preocuparse.

Café, café, café… ya empiezo a recordar quién soy y qué hago en este, nuestro universo.

Mochila, zapas, guantes, casco, Aquarius, cortavientos… Chupitos, me llevaré dos, por si acaso. Es la primera vez que hago una cursa de más de 60kms. y estoy un poco mosca…
  
Con más equipaje que la Piquér de gira mundial, tiro en dirección Collbató a reunirme con mis alegres compañeros. Primera parada en Chez Armand. Segunda parada en la choza del abominable hombre de la txapela. Montamos todo en la tanqueta y nos vamos a esperar al resto de la troupe al parquin del Serra d´Or.

6:24. Habíamos quedado a las seis… El vasco está que trina cuan jilguero en primavera. A mí se me acaban los argumentos para contener a Mr. Hide. Emilio, te la vas a cargar… Vaya, esta vez no es culpa de Emilio y el título de Bella Durmiente recae sobre José Antonio. Nos debes unas cañas…y lo sabes!!!

El viaje por la autovía hasta Bell-Lloc se nos hace corto mientras, a nuestras espaldas se va desperezando Lorenzo y comienza a hacerse de día. La extensa llanura del Pla d´Urgell nos anticipa claramente el perfil de la cursa que nos hemos de comer hoy.



El aparcamiento aún está a medio llenar cuando llegamos y el regustillo picantón ya flota en el ambiente. Vemos que entre las máquinas de nuestros vecinos y de más allá priman las 29”. Nos hemos quedado trasnochados y hemos perdido el carro de la moda y la tecnología punta. Bueno, no todos…

Nos acercamos al pabellón de deportes donde unas simpáticas lugareñas nos proveen del correspondiente dorsal y bolsa con regalitos y golosinas varias. Aquí encuentro a mi gran amigo Marc, cuyo club CELI BTT organiza este evento y me cuenta que aún está convaleciente de una luxación de clavícula que le ha tenido meses apartado de las carreras –este juega en otra división –y esta es su primera salida desde entonces. Por ello no pudo venir a hacer La Portals este año, acontecimiento que figura en su agenda desde la primera edición…

Volvemos a los coches, no sin antes dar buena cuenta de dos trozos de tarta de manzana que me sientan como una bendición a estas horas de la mañana. Energía para el espíritu.





Colocados los dorsales y pertrechados con el típico traje regional marchamos hacia la salida, donde todo pichichi está ya colocado y atento al chupinazo que dará la señal de arrancar.

Quince minutos de espera sobre el horario oficial hacen mella en los ánimos, lo que suelta a las lenguas y a las más inverosímiles ocurrencias e improperios, eso sí, con todo el cariño a la organización, que nos entretiene contándonos por megafonía que en la cursa larga han colgado un jamón para el primero que llegue o quien se lo quiera llevar a casa. Vaaamos…





Al final es una traca la que marca el principio de la aventura y salimos todos “como una instalación”.

La demora obedece a la intersección del tren por un paso a nivel a escasos mil trescientos metros pero, hay amigo, estamos en Españistán y, entre que el maquinista se bajó a mear y que el fogonero dejó caer la presión de vapor, cuando pasamos sobre las vías el cercanías aún no había rebasado este punto. Precaución y pasando con las barreras bajadas mientras el conductor se queda sordo con el dedo pegado al botón de la bocina…no sea que vaya a llegar tarde a la próxima meada…estación.

Ya nos vemos con toda la plana para nosotros solos rodando en medias de 25-30Kms/h. lo nunca visto y enseguida salimos del asfalto al polvo de los caminos. En esta segunda arrancada vemos en la cuneta a un desafortunado corredor que ha pinchado y no llevamos ni tres kilómetros. Al momento se paran dos bikers de la organización a echarle una mano al más puro estilo de La Portals.

Pasamos sobre la Autovía A2 y, un poco más allá, sobre el Canal d´Urgell, que riega los campos de toda la comarca y con el que iremos tonteando a lo largo de toda la cursa.

Nuestro amigo Marc saluda al pasar y se pierde hacia adelante entre el polvo y los maillots multicolores. Menos mal que está convaleciente…



Como a galope de corcel de caballero templario, que pisaron estas  tierras en el siglo XII, en menos de 29 minutos cubrimos los ocho quilómetros que nos separan de Bellvís, segunda de las dieciocho, sí dieciocho, poblaciones por las que pasa la carrera.

Y es que no nos hemos percatado, pero nos va empujando el viento de Poniente que sopla a nuestras espaldas desde la salida. Pero ya veréis más tarde qué pasa con el viento, ya…

Al salir de Bellvis, la cursa discurre durante un kilómetro por un bonito corriol que nos obliga a pasar uno a uno, que discurre entre la Sèquia Tercera y un bosque de plátanos milenario.





Entre tanto, acabamos haciendo tres grupos según el ritmo que llevamos. Luis el Vasco y José Antonio se nos han ido perdiendo en la lejanía. Su planteamiento de la cursa es tirar fuerte para ir probándose de cara a La Ribagorzana. Entre medias rodamos Rafa y un servidor. Mi alegre compañero empieza a mostrar síntomas de que hoy no es su día, pues un empaste recientemente colocado le está dando más guerra de lo normal y, ahora que el ritmo me lo permite, voy dándole ánimos e intentando que deje de pensar en la molestia. No mucho más atrás nos vienen pisando los talones Armand y Emilio, que hoy parece que hayan llenado el depósito con gasolina de 98 octanos…



El paisaje, no por monótono es menos bello. Pero nuestros ojos no están acostumbrados a enfocar al horizonte infinito, que es hasta donde llega hoy la vista entre plantaciones de frutales y algún campo con la hierba ya crecida.



En el 12+700, tras un kilómetro bordeando la Séquia Tercera –una ramificación del canal principal –nos encontramos con una bifurcación y varias personas de la organización que nos indican la dirección correcta para seguir la ruta larga, o tomar la corta a la derecha. Casi nos los comemos porque venimos a 30 por hora y el cruce es una T sin continuidad. A derecha, a izquierda o al campo directamente si sigues recto.

Giro de 90º a la izquierda y, de pronto, una extraña sensación nos hace escorarnos a babor para contrarrestar la fuerza del viento que nos da de costado. Cony, son 22-23Kms/h que molestan lo suyo…

Tres mil metros más allá cambiamos a asfalto en el pequeño grupo de casas de El Poal. El aire cesa en cuanto entramos en sus calles, lo que se agradece, así como que sus habitantes hayan salido a tan temprana hora para animarnos a darle caña a los pedales.

Saliendo de El Poal rodamos en dirección Noroeste y nos damos de cara con Eolo. Son solo dos kilómetros hasta els Arcs que se nos hacen el doble. Baja nuestra media de 29 a 15kms/h. Qué duro se nos va a hacer esto, collons…

En la plana la ruta va girando otra vez hacia el Este y cada vez la resistencia del viento es menor. Los ocho quilómetros que nos separan de Linyola los volvemos a hacer a ritmo de samba.



Cuando el cuentakilómetros marca 27+800 y son las 9:33 ya estamos rodando por la famosa capital de la comarca de Mascansá, cuyo nombre viene de las plantaciones de lino en el siglo IX. Llegó a ser un codiciado bastión fortificado pero, a lo largo de su disputada historia, fue invadida y vuelta a reconstruir por romanos, árabes, leales a la Corona de Aragón…hasta que en el siglo XIII es devuelta al Comtat d´Urgell y debido a su rápido crecimiento, desaparecen los portales y las murallas de la antigua fortificación. Famosa hoy en día por ser la cuna de futbolistas de renombre como Josep Maria Fusté y Bojan Krkić. Más interesante, a mi parecer, son el Museo del Payés, las exposiciones del pintor Paco Mayoral y del retratista Robert Pérez o el Museo de madera tallada del escultor Pere Ramón Pedrós.

Dejamos atrás las casas de Linyola y pasamos la rotonda de la comarcal LP-332 y la Sèquia d´Almanssor. Cinco mil metros por lo negro hasta Vallverd de los que casi no nos enteramos. El viento sopla de espaldas y vamos volando…

Paso por la población y giro a derechas. Saliendo del breve polígono de almacenes nos vuelve a sacudir el aire, esta vez por estribor, amenazando con tirarnos de la burra.

Pk. 34+900. Desde un altillo divisamos en toda su magnitud el Estany d´Ivars.
L’Estany fue recuperado a partir del 2005 como parte del plan de regadío del Canal d´Urgell y tiene una superficie de agua de 126ha. Se trata del estanque interior de Cataluña más grande en cuanto a dimensiones y acoge una importante diversidad biológic

A lo largo del estanque han sido recreadas islas con diferentes formas, pendientes, alturas y emplazamientos que favorecen la fauna, especialmente las aves, con puntos de descanso, alimentación y reproducción.
El primer, por fin, avituallamiento se halla a la entrada de la masía de Cal Sinent, lugar privilegiado con vistas a la laguna.

Dos rodajas de naranja y unas gominolas nos bastan para continuar cuando –Ostras, ese maillot me suena –nos encontramos a José Antonio con la bici patas arriba en la vera de la pista. Se le ha roto la cadena en la arrancada y ya tiene el troncha en la mano… Al momento aparecen por retaguardia Armand y un exultante Emilio sorprendido de la media que va haciendo…



Arreglada la cadena y volteada la máquina a su posición natural, emprendemos la marcha de nuevo. Caray, la parada ha sido lo suficientemente larga como para que las piernas nos piquen durante los primeros metros. Salva que la pista baja hasta el nivel del lago y nos ayuda a tomar impulso. Pasamos por delante de un embarcadero deportivo. Tiene que ser una experiencia navegar aquí con lo que sopla…


En el Pk. 33+100 encontramos la indicación de Ruta Media-Ruta Larga. Encaramos la opción larga resiguiendo la orilla del lago por una pista acondicionada para el paseo contemplativo, jogging, bicicleta… con altos puestos de madera desde donde observar a las aves del entorno sin molestarlas. Habrá que hacer una visita cultural a la zona otro día…

Dos kilómetros por la vera del lago y nos encontramos SUBIENDO hacia Ivars d´Urgell. La subida no es que sea nada del otro jueves pero, en la cursa de hoy, es toda una novedad.
  
Callejeando por la villa cae el km.40. Son las 10:05 y el solano empieza a calentar más allá de lo agradable. Cuando volvemos a la tierra nos sorprende la vista. Quinientos metros por delante apreciamos que los ciclistas han girado a la derecha. Pero por nuestra derecha vemos que, a unos mil metros, los bikers ruedan entre los campos en dirección contraria a la que nosotros vamos. Cosas del Pla…

Circunvalación del pequeño Pantá de La Serreta y ya estamos donde antes vimos a los que nos precedían. Con el cambio de dirección vuelve a darnos el Poniente en toda la cara y bajamos visiblemente el ritmo. José Antonio hace valer la inversión en el Personal Trainer y en el entrenamiento de las últimas semanas y se nos va distanciando hasta no ser más que un recuerdo…


Azota el aire, que no nos da más tregua que unos minutos pasando por entre las casas de Castellnou de Seana. El kilómetro 50 parece que no llega nunca. Se me habrá estropeado el cuenta?

Psicológicamente empiezo a estar tocadillo…48…48.1…48.2…coooony.

Vamos bajando suavemente hacia Vila-sana pero, curiosamente, si se te ocurre aflojar la pedalada te quedas “quieto parado” en mitad de la pista. Pensando en la tontería de que si dejásemos de pedalear el viento de cara nos podría empujar hacia atrás cuesta arriba, ya se me ha pasado el km. 50 y me despierta de mi letargo tontil un rampote que hay que subir para salvar el paso, de nuevo, sobre la A2.

Aprisionada entre la Autovía y la antigua N-II se encuentra la población de Golmés, enclavada en el Pk. 61+300 de la cursa. Con una elevación sobre el nivel del mar de 276mts. es una buena atalaya desde donde apreciar la extensa llanura que conforma el Pla d´Urgell. Látima que hoy no es día de contemplaciones…

Por delante, cuatro kilómetros para llegar a Vilanova de Bellpuig. Una vez más, sus habitantes nos animan esta vez gritándonos que a la salida del pueblo se encuentra el segundo avituallamiento…y no mienten.

De nuevo tiramos de gajos de naranja y esas chuches que vuelven loco a Rafa mientras aparecen nuestros alegres compañeros Armand y Emilio. Tres minutos para comentar la jugada y echar unas risas con las chicas de las mesas. No queremos parar más tiempo porque, de lo contrario, la arrancada se convierte en un calvario. Al chiquitín ya se le empiezan a notar síntomas de cansancio.

Dejamos atrás las calles de Vilanova y volvemos a estar rodeados de extensos campos de frutales a los que ya se les van viendo las intenciones para la próxima cosecha.

Paradoja visual: Desde un alto, la pista gira hacia la izquierda pero vemos a los ciclistas alejándose por nuestra derecha. Alucinación por el cansancio, envenenamiento, o es que me habrán abducido los marcianos?...

 Wikipedia tiene una explicación para todo. Nos topamos de nuevo con la Séquia Tercera y hemos de rodar paralelamente trescientos metros por la margen derecha para, tras atravesarla por un puentecito que se me antoja ridículamente estrecho, volver en dirección contraria por la otra margen recto como una vela durante mil metros…de ahí la alucinación anterior.

Rodamos siete kilómetros acompañando al canal con la idea de que no nos vendría mal un bañito a estas alturas cuando llegamos al Pk. 70+800 en plena población de Mollerussa.


Mollerussa es la capital oficial de la comarca y tiene su origen en un hostal o casa de paradas en el camino real de Barcelona a Lérida, reglamentado ya en tiempos de Jaime I. En el período entre los siglos XVI y XIX perteneció a los marqueses de Alfarrás.

En 1862 llegó el ferrocarril al municipio. Su núcleo tradicional conserva en parte la estructura de la antigua vilaclosa –población cerrada en el interior de una muralla – con la plaza Mayor aporticada en el centro, donde está la pequeña capilla de Sant Isidori, su monumento histórici más representativo (siglo XVI), la plaza del Ayuntamiento y la Iglesia de Santiago (1950), obra de ladrillo visto.

Por los motivos del crecimiento de población, expansión urbanística, desarrollo industrial y de comercio, riqueza agrícola y la óptima posición geográfica, en el año 1975 le fue concedido el título de "Ciudad".
El ensanche moderno estuvo inicialmente limitado por la vía del ferrocarril de la línea Lérida-Barcelona, vía Manresa, así como también por el Canal de Urgell, pero el imparable aumento demográfico ha sobrepasado estas barreras con creces.

Son las 11:29, un minuto antes de que, según el reglamento de la pedalada, cierren la carrera en este punto y te envíen por la antígua N-II directamente hasta el inicio en Bell-Lloc. Por escaso margen hemos cumplido con uno de los hitos de la cursa.

Callejeamos por la chulísima Avda. del Canal, en la que la obra hidráulica forma saltos y cascadas en agradable armonía con la arboleda de la rambla. Unas calles más allá volvemos a rebasar las vías del tren por un paso a nivel. Esta vez no nos pita nadie…



 Ahora entramos en un bucle circular de unos ocho kilómetros en los que pasamos una vez sobre la A2, entramos y salimos de El Palau d´Anglesola, volvemos a salvar por un paso superior la A2, el Canal d´Urgell y las vías del tren en hasta llegar a Fondarell.

Pk. 85+100 A la salida de la población se encuentra el tercer avituallamiento. Una vez más Emilio y Armand nos dan caza y nos pillan picotendo unas avellanas y unas pasas, regadas con abundante bebida isotónica.

Dejamos atrás los frutos secos y las chuches para rodar en dirección Sur hacia Miralcamp. El viento arrecia y nos vapulea de costado con rachas de 30km/h. Qué divertido.

Pasando por el centro de Miralcamp giramos hacia el Oeste y nos damos de bruces con una calle que sube con una pendiente del 20% durante unos eternos trescientos metros. Ahora que ya nos habíamos habituado a rodar por lo llano.

Me falla el cambio salto de cadena y parada en seco. Fuera guantes, nuevos y blancos para la ocasión, y me pringo las manos de grasa intentando recolocar la cadena en su sitio. Sin más, continuamos subiendo la calle.

Las indicaciones nos conducen por una rambla sin pavimentar y pasamos frente a un campo de fútbol cuya hierba natural daría envidia a la del Camp Nou.

Ante nuestros ojos aparece lo que ya nos veníamos temiendo. El desnivel acumulado según la organización es de 430 mts. Pero nadie nos dijo que estarían todos juntos entre el pk.91+000 y el 98+000.

A estas alturas ya se nos haría cuesta arriba subirnos a una acera y, delante de nosotros tenemos las rampas del Tossal de Torregrossa de unos doscientos metros  y sembradas de piedras sueltas y traicioneras grietas de unos veinte centímetros. Para rematar el cuadro son las 12:25 y tenemos todo el solano encima.

Rodeamos esta especie de turó por la única trialera que nos encontraremos en toda la cursa y descendemos por su cara Sur con cuidadín, tal como nos indican los carteles de peligro, y porque las fuerzas ya no dan ni para controlar la dirección de la bici en la bajada…



Llegando de nuevo al llano, el vendaval nos viene de cara ya con rachas de 29-30kms/h, lo que hace que avancemos a ritmo de bolero, además de levantar toda la polvareda de la pista. Habrá que decirle a la Organización que en próximas ediciones cierren la puerta, que hay corriente de aire…



La ventisca nos da un poco de tregua al paso por Torregrossa, ya en el kilómetro 96 y salimos de sus calles en dirección Norte. Ahora vuelve a soplar de costado. Empiezo a añorar mi sofá, mi tele, la tranquilidad del hogar, una cerveza…

En un giro de 90º a la izquierda dejamos de lado el Pantá de La Serra y aparece a lo lejos un campanario rodeado de casas cuando en el cuenta aparece la redonda cifra de 100kms. Bravo!!! Estamos salvados!!! Ya hemos cumplido…o no.

El track de la cursa marca 103,700kms. en total pero eso no es Bell-Lloc. Aaaaaaahhhh.

Aquí ya el factor mental lo es todo y me estoy preocupando más por las emergentes rampas en los cuádriceps que de intentar evitar los agujeros y las piedras del camino…

Pasamos por Sidamón marcando el kilómetro 104 y del final, ni rastro. La pista discurre ahora por una hondonada del terreno y no podemos ver nada más allá de trescientos metros. El vendaval ya se nos antoja como una tormenta tropical. Por mi mente pasa la fugaz idea de coger el cuentakilómetros y guardármelo en el bolsillo. La cadena de la bici y los cambios se quejan del polvo acumulado y a mi alegre compañero Rafa hace rato que se le borró la sonrisa de la cara y no hace nada más que decirme a mis espaldas “Tira tú que yo te sigo, que no puedo más”. Pero si el que no puede más soy yo!!!

Cuan náufragos a la deriva en un mar verdescente salimos, tras veinte interminables minutos, de la hondonada y ante nosotros vemos, a unos dos mil metros, las primeras calles de la villa de Bell-Lloc. No podía expresar mi alegría porque me hubiese caído de la bici por mis exiguas fuerzas.

Bendición de pavimento al entrar por las calles. Es como si de pronto, fuésemos pisando una alfombra turca. El arco de meta me parece la más bella de las construcciones inflables. Llueven pétalos de rosa y el griterío del foro en el Coliseo ahoga hasta el estruendo de los truenos. Ehhh, despierta Luisín.

Bajo el arco nos esperan Luis, ya duchado y vestido de paisano, y José Antonio aún en mallas.

A duras penas detenemos nuestras máquinas. Me bajo de la bici y, durante diez minutos mis piernas se mueven solas, no soy capaz de quedarme quieto en el sitio. Esto es la risa.



En breve aparece, primero Armand y luego Emilio. Vámonos rápidamente a por la butifarra y la Coca-Cola. Bolsa con regalitos. De camino veo que mi dorsal aparece en una lista de premios que ha sorteado la Organización!!! Alegría, alegría…



Vuelvo a encontrar a Marc, ya cambiado también que nos acompaña, porqué no, a hacernos unos masajes de recuperación al pabellón de deportes mientras comentamos la jornada, ahora sí, entre bromas y chistes. Geniales los y las masajistas, aparte de por servicio que nos prestaron, por el buen rollito y las risas que nos hicimos.




Como siempre, en el fondo nos lo hemos pasado de coña y volvemos para casa con el cerebro nadando en endorfinas y la sonrisa clavada en la cara mientras buscamos con la mirada la conocida silueta de nuestra montaña de Montserrat. Por cierto, quién se habrá llevado a casa el jamón…
  
N. del A.- Dedicado a mi gran amigo Rafa, que aguantó la cursa como un jabato y a pesar del malestar no desfalleció en ningún momento.

Luisín1965.



 http://vimeo.com/93401588




dijous, 3 d’abril de 2014

Test de LA PORTALS 2014.



 Domingo 2 de Marzo de 2014.  7.30 de la mañana desde la Pista cubierta Martí Gil de Collbató. Seis grados.
 
 La noche estuvo despejada y de madrugada hace un frío que pela. Aquí nos estamos juntando los casi cuarenta bikers a los que la ilusión y las ganas nos han arrancado de la cama de madrugada para hacer la Vuelta de La Portals 2014 en tan ilustre compañía.

 Israel Núñez, Sandra Santanyes, Marta Vilajosana, Angel Edo, Pepe Recio, compañeros del C. C. Sant Boi,  del BTT Martorell y grandes amigos que no se lo han querido perder hacen que hasta los bikers de La Taca parezcamos unos figuras…

 Tal como habíamos quedado, a las 8.00 arrancamos motores desde el virtual arco de salida en la Avinguda del Centenari y, girando a la derecha, bajamos raudos por el Carrer d´Occitania para adentrarnos en la pineda de La Fumada. Un alto en el camino para hacer la foto, ahora que estamos todos…


Salimos del bosquecillo por el Passeig de Les Lloganíes y, a unos cuatrocientos metros, giro a la izquierda para subir hacia el centro de la villa por el Carrer dels Horts. Las piernas todavía añoran el tacto de las sábanas y protestan en la primera rampa de la ruta. En nada pasamos frente al Ayuntamiento y el Museu de Coses del Poble y seguimos la sinuosa y pendiente calle hasta pasar bajo el Arc d´en Bros, puerta Sur del casco antiguo de Collbató construida en el siglo XIII. El suelo ahora es empedrado y el traqueteo nos ayuda a poner lo que desayunamos en su sitio.

 Carrer d´Amadeu Vives y pasamos frente a la iglesia de Sant Corneli, pisando el casco antiguo por el Carrer de Pau Bertrán.

 En el PK. 1+700 salimos del asfalto para coger el Camí de Pierola, ya estamos en lo nuestro. Sangre y arena.

 -Con la valentía u osadía que da el estar rodeados de tan ilustre compañía, estamos llevando un ritmo bastante por encima de nuestras posibilidades, ya veremos cuando empiece lo duro.- Esto voy pensando para mis adentros cuando bordeamos la Alcina Gran y tomamos el Camí del Cementiri a la sombra de los olivos de Els Plans. Un zig-zag y en el PK. 3+500 enlazamos con la ancha pista del Camí de La VinyaNova.

 A nuestra derecha La Muntanya ya refleja con intensidad los rayos de sol de la mañana tornando la roca de un color anaranjado. A la izquierda y a contraluz, los inmensos campos de oliveras y bosques de encina y, al fondo, La Serra Alta.

 Llaneamos por El Casalot y dejamos atrás la bifurcación del Camí Vell a Montserrat, tan frecuentado por caminantes y escaladores. Siguiendo la ancha pista ya nos vamos encontrando rodeados de encinas y algún pino carrasco aquí y allá, bosques limpios de cotolla que dirían en mi tierra, pues hace poco que terminó la campaña de deforestación en la cara sur de La Muntanya. Rodando ligeros, vamos superando los suaves toboganes durante unos tres kilómetros para, de sorpresa, encarar la rampa del 15% que nos sube hasta la masía de La VinyaNova. Alguna gotilla de sudor empieza a resbalar por la cara de más de uno. Hasta aquí venía abriendo pista de la mano de Isra. Pero viendo la faena que nos queda por delante, me despido cortésmente y ocupo mi lugar natural en el grupo (La selección natural. Charles Darwin).


Cruzamos raudos y veloces el Pla de La VinyaNova para girar noventa grados y adentrarnos en La Socarrada, un bosquecillo húmedo de encina y pino mediterráneo por el que discurre la pista que, a estas alturas empieza a desvelarnos un firme bastante pedregoso y con alguna grieta fruto de la última tormenta caída hace dos semanas. La humedad ambiente sube hasta el 67% y ya sudamos la gota gorda sin miramientos.

En la bajada hacia el cruce de Can Jorba encontramos gran cantidad de cantos rodados que, por precaución, nos obligan a aminorar la marcha. Dejamos para otra ocasión la pronunciada rampa que sube hasta las ruinas de la capilla de La Mare de Déu de la Font y giramos a la izquierda para bajar a todo trapo por el Camí del Bruc, bordeando el Torrent de Migdía que baja de Montserrat.

Pk. 6+600 Tras un giro brusco a derechas y cien metros más adelante otro a izquierdas en el más puro estilo Guardiola, bordeamos el Serrat de Les Muixerigues por el Camí del Bruc hasta la subida de Can Ferrers, corta pero intensa, ya que sube en aproximadamente doscientos metros de la cota 480 a la 521.

 Desde aquí bajamos, ahora por asfalto, a buscar el Pont del Torrent de l´Illa ya en la población de El Bruc. 

 Vamos subiendo por el Carrer del Bruc del Mig con cierta precaución pues, al ser de doble dirección y con vehículos aparcados a ambos lados, queda ciertamente estrecho. Pasamos frente al Ayuntamiento y, a ciento cincuenta metros, giramos a derechas por el Carrer de Les Escoles, que nos saca del casco urbano para dirigirnos, ya de nuevo por pista de tierra, hacia el Norte todo tieso.

 Enfilamos la pista paralela al Torrent de La Diablera alternando bosques de encinas centenarias con claros en los que los olivos plantados llegan hasta la falda de Montserrat. Pasando por la Plana Llarga, a estas horas ya encontramos algunos vehículos aparcados en las márgenes del camino de gente que viene a practicar la escalada y que acceden a pie a La Muntanya caminando desde aquí. Llegamos a lo alto de la pista dejando a mano izquierda la que nosotros llamamos “la casa gris” y, tras bajar al pedregal del torrent, apretamos en el repechón y tomamos el desvío de la derecha para seguir subiendo por el Camí dels Pallers.

Por delante seiscientos metros de suave pero continuo ascenso. Aquí llega la frase jocosa del día: -A mí, es que esta subida se me hace muy cuesta arriba…- de un servidor. Tras un zig-zag de la pista, interceptamos el Camí de Les Batalles en el que nos encontramos tomando el desvío a la derecha, la primera barrera.

Llegamos con el cuentakilómetros marcando 11+100. Breve parada para reagruparnos, rebasamos la barrera por el lado izquierdo y nos encontramos cresteando entre dos laderas por una pista ancha pero con el firme muy degradado y roto. Zonas de roca al aire libre se intercalan con otras de piedra suelta que nos hacen patinar si no eliges bien la trazada de antemano. La pendiente es cada vez más acusada, lo que pone a prueba nuestra habilidad y sentido del equilibrio. Tras un breve pero empinado repecho llegamos a la bifurcación del Camí de Les Batalles, que continuaremos por la izquierda, y el Camí dels Pallers que se pierde hacia la derecha. Nos adentramos en los Boscos de Cal Rovira y la pista se convierte en sendero entre arbustos, lianas y zarzas que invade el paso en unos doscientos metros curiosamente cuesta abajo. Cuidadín con los brazos y los pinchos o nos quedaremos marcados para los restos.

 Un fuerte giro y nos vemos de nuevo encarando el Norte por un firme lleno de escalones en el conglomerado y zonas de piedra suelta para regocijo de los más trialeros. Aquí es donde flaqueas y te rondan esos oscuros pensamientos: - Pero qué coño hago yo aquí. Cómo me han convencido para meterme en este fregao, pudiendo estar en una terraza con una birra en la mano. Cómo se llamará la camarera del escote generoso…

Vuelta a la cruda realidad. Trescientos metros y la pendiente se invierte para ofrecernos otros trescientos de bajada infernal por piedra suelta. De nada sirve frenar y  te encomiendas a todos los Santos mientras intentas guardar el equilibrio y no acabar en las matas. Por aquí perdió el GPS la guapisísima aquella el día de La Portals 2013. Gracias al ingente número de voluntarios que se ofrecieron a ayudarla, apareció el aparatejo de 400 eurazos. Ya se sabe: “Pueden más dos setas que dos galletas”.

 Llegamos al inicio de las dos últimas rampas previas a la segunda barrera. Ese estrecho corriol cada vez más pendiente y de apenas medio metro de ancho flanqueado por un lado por la maleza que se adueña poco a poco del camino y por el otro, de una amenazante grieta en la que al fondo se vislumbra el mismísimo Infierno. Salvo para los pros y algún que otro experto trialero de fuerza y técnica envidiables, a los demás no nos queda más remedio que, tras el enésimo intento fallido por coronar estas rampas, poner pie a tierra y llegar de esta manera hasta la curva previa a la zona recreativa de Can Masana, donde todos nos esperan animándonos a llegar subidos en nuestras máquinas, al menos en el último tramo.


 PK.13+600 y cota +717.50 sobre el nivel del mar y bla bla bla... Es el punto más alto de todo el trazado y aquí se sitúa cada año el primer avituallamiento de La Portals y, ciertamente, hoy lo echamos de menos. Estamos a nueve grados a la sombra y 51% de humedad relativa. En cristiano: Jase muuuxo frío.


Tras otra breve parada y la foto de grupo, salimos a la carretera del monasterio para descender a toda pastilla casi cien metros de desnivel durante dos kilómetros y medio hasta el desvío a la izquierda para tomar el Camí Vell a Cal Oliver. Estamos en el PK.16+200. Al inicio es una pista de hormigón con una fuerte pendiente negativa que a escasos doscientos metros se acaba y da paso a pista de tierra con bastante buen firme pero con la sorpresa de poder encontrarte en la trazada con piedras sueltas del tamaño de un balón de fútbol y regueros socavados por las lluvias. Cuidadín, cuidadín…

 Setecientos metros más abajo nos espera un quiebro de 180 grados a la izquierda “barriendo con la rueda trasera” para tomar una traza alternativa a la de otros años y alargar un poco el descenso hacia Marganell. 

 Vamos enlazando toboganes por la ladera de la Serra del Oliver con un suave desnivel. Dejamos a la izquierda la Cova de La Sabata y bordeamos el Torrent de la Poma hasta la intersección con el Camí del Serrat de Les Cametes, ya sobre la traza de anteriores ediciones y que baja hasta el Pont de Cal Petit. Quinientos metros más allá, estamos en la carretera de Marganell en el P.K. 21+200 de la ruta.


 De nuevo reagrupados, cruzamos la carretera BV-1123 y nos metemos entre el campo de fútbol y la masía de Cal Pere Joan, a la que cariñosamente llamamos nosotros “La Madalena”. Una pista recientemente asfaltada en sus primeros quinientos metros nos guía hasta Cal Xai. A partir de aquí, salimos por la izquierda al camino que nos obliga a hacer equilibrios entre las roderas de los tractores y que nos sube hasta el Pla de Roldors. A escasos metros de que la pista desemboque otra vez en la carretera, tomamos a la derecha un corriol que nos va llevando por los bancales de hierba y que, de tanto en tanto, nos regala unos escalones naturales que hemos de salvar haciendo gala de nuestras dotes endureras. Aparecemos en el lado Este de Marganell por el Racó de Cal Francisco y pasamos frente al Ayuntamiento hasta, de nuevo, la carretera.

 Mil quinientos metros de bajada a piñón por lo oscuro hasta llegar al desvío que sube a la ermita de Sant Esteve de Marganell. Este tramo de fuertes pendientes y firme de hormigón, el amigo Isra se lo sube casi entero en una sola rueda (tendré que comprarme una 29 para poder hacer estas cosas, ja ja ja).

 Rebasada la ermita pasamos por el Torrent de la Teula y, a partir de aquí, ya hay que darlo todo en la subida.

 El perfil va adquiriendo cada vez más pendiente y el terreno que pisamos está bastante suelto, lo que nos obliga a afrontar las rampas a una cierta velocidad para no quedarnos clavados en la primera piedra. Si tus latidos en las sienes y el dolor en los muslos te lo permiten, levantas la mirada al frente y te topas con las increíbles vistas de la vertiente Norte de la Muntanya de Montserrat en todo su esplendor. El esfuerzo bien vale la pena. Espectacular.

 Continuadas rampas del 17-18% separadas por escasísimos descansos nos suben, a ritmo de bolero, hasta el Turó de l´Ermitá, a 560mts. de altura, PK.30+500. El sitio ideal para hacerse unaS fotos con el Cavall Bernat de fondo. Desde aquí, a bajar todo lo subido y a plato. Casi tres kilómetros de descenso por pista ancha, aderezado con alguna curva lenta y embarrada para que no te duermas en los laureles.

 Sin darnos cuenta, ya hemos entrado en la urbanización de Can Prat. Y en el PK. 33+300 tomamos a la derecha la carretera de Sant Cristófol a La Calcina. Mil trescientros metros subiendo y otros tantos bajando por lo negro hasta tomar la pista a izquierdas en el Torrent de Les Coves de Santa Cecilia. Y…bajadón!!!

 Los siguientes dos mil metros toca tirar de freno hasta el entumecimiento de los nudillos. Fuerte descenso de paellas de 180 grados aderezados con un manto de inestables cantos rodados hasta que llegamos, por fin, a la famosa Font de la Dona Morta. Son las once y cinco de la mañana. 11 grados y 43% de humedad relativa… (relativa a qué???)

 Aquí nos encontramos a los dos Pepes, García y Cuevas, que han subido con la tanqueta LandRover y nos esperan con una caja de bebidas isotónicas, fruta y chocolate para hacernos recuperar las constantes vitales.

 Copiamos el ritual de cada ocasión de llenar los bidones en la fuente a pesar del pestiño a vaca que flota en el ambiente y nos embarcamos en una frenética cabalgata de descenso hacia la estación del cremallera de Monistrol previo paso por el cementerio y con la precaución de no saltarnos el desvío a derechas en el PK. 38+900, que perverso se oculta tras el talud de un montículo.

Ya en la explanada del cremallera cruzamos delante de algunos grupos de personas y chiquillerío que esperan el próximo tren y que nos vitorean como si del mismísimo Tour de Francia se tratase…

Callejeamos como posesos por las calles de Monistrol rezando para que a ninguna anciana se le ocurra salir de un portal, con graves consecuencias para ella y un más que posible linchamiento para nosotros.

Sin mayor novedad que unas morenas de escándalo a las que rebasamos en el paseo de pavés que desemboca en la comarcal C-55, tras cruzar el puente sobre el guay río Llobregat, enfilamos el Carrer del Pla rumbo a la plaza de la Estación de los catalanes y las zetas de pavimento de hormigón que nos bajarán hasta la vera del río, PK.42+300.

 Como suele ocurrir, en este tramo la consigna es ir moderadamente despacio para afrontar lo que nos queda con ciertas garantías. Pero no sé qué pasa, que al final acabamos haciéndolo a veintitantos de media...

 Pasamos frente a la presa de Les Comes. El río baja cargadito, fruto de las lluvias caídas días atrás. Vamos recorriendo la senda ribereña prestando mucha atención a las cañas que se entrecruzan formando a veces un túnel y, sobretodo, a las que están caídas y podrían producir un incidente al personal. Y es que vamos todos en piña tan juntos que pienso que esto mete miedo al pánico.

Llegamos a la Font dels Maians y ya nos encontramos con los primeros charcos en medio del camino. Esta zona siempre suele estar muy húmeda aún cuando hace tiempo que no llueve. Pero hoy nos deleita con unas charcas de lado a lado del camino imposibles de evitar. La incertidumbre es si somos capaces de vadearlas o no. Uno se detiene en mitad del charco y hunde el pie hasta el tobillo. Risas. Al siguiente le ocurre otro tanto y el ambiente ya es de fiesta total. Al final, quien más quien menos ha salido de esta zona con las zapatillas chorreando y el que ha logrado pasarlo sin poner un pie en el agua, lleva una raya de barro desde la nuca hasta el sillín. Las máquinas también se llevan lo suyo y, en un instante, los cambios adquieren vida propia, fallan los frenos, chirrían las cadenas…

 Ahora rodamos al lado de la Resclosa de Can Gomis, de la cual solo podemos sentir el ruido del salto de agua, pues aquí lo frondoso de la vegetación nos impide apreciar más allá de los lindes del camino. Bajo el puente del Aeri a más de uno, y de dos, se nos pasa por la mente hacer un recto hasta Collba por Les Coves. Pero el amor propio puede más que esos oscuros pensamientos que nos acechan…

 Dejamos a la izquierda la masía de Can Tovella desde la que se escuchan los perros ladrar a los intrusos bicicleros.

 Entramos en la trinchera excavada en la roca a la altura de la Resclosa del Cairat y lamentamos al unísono que lo bueno se acabó. Han sido casi cinco kilómetros prácticamente llanos a la vera del río, pero ahora toca apretar el culo para salvar las rampas que nos llevarán en apenas novecientos metros desde la cota +114.90 hasta la +151.00 al coronar el Camí de Can Tovella. Al otro lado nos espera la bajada a tumba abierta hasta las ruinas del balneario de La Puda donde nos encontramos la última gran charca imposible de evitar dada la velocidad a la que bajamos. A estas alturas, un poco más de agua y barro ya nos da igual…

 Llegamos al punto del tercer avituallamiento de La Portals y, tras reagruparnos, cruzamos con sumo cuidado la C-55 para coger a la izquierda la comarcal B-113. A estas horas, incluso las muchachas picantes de la curva han dejado ya su puesto de trabajo para ir a comer…

 Tenemos por delante dos kilómetros de suave y continua ascensión por asfalto, más otro kilómetro de bajada hasta adentrarnos en la urbanización de Can Vinyals, que pasamos en plato grande y a toda pastilla.

 Bajada a saco hasta el puente de la Colonia Sedó. Paso bajo el acueducto y giro de noventa grados para coger la carretera que sube a Esparreguera. A trescientos metros nos desviamos a la derecha para bajar a la Riera del Puig. Aquí estará el cuarto avituallamiento de La Portals PK. 52+100. Suerte que ha llovido y la arena húmeda se deja ciclar bastante bien. Cuando el cauce está seco, rodar sobre la arena suelta acaba siendo un calvario para las piernas. 
 Tras mil cien metros metidos en el cauce, bordeamos la barrera que da inicio a Els Blaus.   Breve parada de reagrupamiento y un trago de agua, la consigna a partir de ahora es que cada uno busque su ritmo en la ascensión y ya nos veremos arriba en la explanada de Can Roca. El trazado no tiene pérdida.
  
En algo más de dos kilómetros hemos salvado un desnivel de ciento cuarenta metros en un sinuoso trazado en sigasaga sin apenas descansos y con solo una breve bajada que después hay que remontar. Sudamos como pollos al ast

Reagrupamiento en Can Roca. Ya más relajados tras la faena bien hecha enfilamos el camino vecinal a trote cochinero. Entramos por las calles de Collbató hasta la pista deportiva de la que salimos a las ocho de la mañana. Algo más de cincuenta y ocho kilómetros y unas cinco horas de sonrisas y lágrimas. Foto conmemorativa, abrazos, besos y alguna emotiva lagrimilla en la despedida y unas ganas locas de pillar la ducha y juntarnos todos en el Restaurante de la VinyaNova para celebrarlo.